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  • Sensei Ernesto López

El Karate Para Fortalecer la Personalidad

Actualizado: 7 de abr de 2019

En la medida que se profundiza en la practica y estudio del karate, con los años el

Karate se va convirtiendo en una forma de vida y de esta manera se va puliendo

nuestro carácter.

Para mi forma de ver el Karate es como un nivelador o ecualizador que mediante su

estudio y practica va actuando de forma que al individuo débil lo hace fuerte y al

arrogante lo hace humilde. Con el tiempo vamos comprendiendo que esta es una

carrera de resistencia y no de velocidad.

Considero que una disciplina cuando se practica con constancia y a conciencia con los

años esta se convierte en una forma de vida, llega lo que yo llamo la trascendencia. Es

cuando vivimos el Karate y no vivimos del Karate. Como decía el maestro Nakayama

esto del Karate no es como una industria de autos, es mas bien un apostolado, no se

puede considerar un negocio. También recuerdo cuando el maestro Takashina decía

que el dan es habilidad, esa trascendencia espiritual no se puede evaluar en una

promoción.

A medida que avanzamos en la practica y estudio del Karate vamos desarrollando

cualidades como la percepción que es una agudeza de captar al oponente porque

somos como un espejo, esto también se lleva a la vida diaria. También desarrollamos

cualidades como la lealtad, la fortaleza, la templanza y la justicia, a mi parecer estas

son virtudes muy importantes para nuestra personalidad y al final son estas las que nos

definen como hombres de bien y nos marcan nuestro carácter.

Se dice que la actitud es mas importante que la técnica y estoy seguro que esto es así,

porque por bonita que tengas la técnica, si tienes una actitud mala estarás perdido.

Mejorar nuestra forma de reaccionar ante diferentes escenarios nos otorga la ventaja

Nos impulsa al éxito.


Una de las cosas más difíciles de trabajar en la personalidad es el carácter; pero es

bueno saber que a diferencia del temperamento, el carácter se puede moldear. El

temperamento es algo más genético, viene con nosotros. El carácter no, es aprendido y

eso nos da una enorme ventaja.

Las artes marciales son una excelente herramienta para mejorar nuestro carácter, de

hecho es una de las cosas que más se repiten en un dojo o lugar que se escoge para el

entrenamiento de artes marciales como el Karate, Judo, etc.

Conozco a muchos padres que recurren a un maestro de artes marciales para que los

ayuden a defenderse de ataques en la calle. De hecho algunos lugares donde se entrena

artes marciales, dice en algún lugar defensa personal. A veces el infante ha sido

sometido a bullying y por esa razón los padres los llevan a estos centros. Muy pocos lo

hacen pensando en llevarlos para que les ayuden a mejorar como personas.

Casi todas las artes marciales tienen filosofías de vida de fondo, no son solo artes de

combate; pero esta última es la parte que más se conoce. Lo cierto es que una vez que

comienzan los entrenamientos, los maestros trabajan mucho la parte psicológica y

lo que tiene que ver con defensa personal es secundario y en algunos casos es mínimo

el entrenamiento que se recibe en este sentido.

Muchos grandes maestros coinciden en que hay un plano que, gradualmente, adquiere

una enorme importancia y dimensión, y que con el paso del tiempo, el practicante de

artes marciales valora como esencial e inherente a su Arte: su interacción con la realidad

exterior que le rodea. Es por ello que las Artes Marciales deben representar:


a) Un método de relación personal.

b) Un método de dinámica de grupos en el interior del Dojo

(lugar de práctica).

c) Un método organizativo.

d) Un método de introspección.

e) Un método de trabajo filosófico.

f) Un método de educación de actividades vitales y sociales.

g) Un método de interiorización de valores.

h) Un método unitario de posiciones

ideológicas diversas.

i) Un método de crecimiento personal.

j) Un método de puesta en común y respeto.


Lo que nos lleva a un Dojo a aprender un Arte Marcial, las motivaciones

iniciales, pueden no ser las que nos acompañen toda la vida. Nosotros cambiamos;

nuestra percepción de las cosas, la vida y de nosotros mismos cambia y puede cambiar

también nuestra motivación, nuestros objetivos y, además, la dedicación y pasión que le

dedicamos a esta y cualquier otra actividad en nuestra vida. Pero para las Artes Marciales

(y otras disciplinas de la vida) se requiere siempre una buena dosis de vocación, de

pasión y algo que en el occidente no es tan apreciado pero en el oriente sí: la "mente de

principiante", el estar abierto siempre a aprender cosas nuevas, entender mejor algo que

creíamos que ya sabíamos, nunca creer que ya no hay nada por aprender.

Las Artes Marciales representan un largo camino; un camino que implica, desde el punto de vista técnico, llegar a comprender y manejar una cantidad no pequeña de técnicas más o

menos elaboradas de "defensa personal". Para esto, se requiere y SE GANA el constante

crecimiento personal y el auto conocimiento físico u orgánico (de mi cuerpo, sus posibilidades y límites, la coordinación motora, reflejos, capacidad elasticidad y

resistencia física, etc.), así como en lo intelectual y espiritual (lo que se refiere al

desarrollo de lo más íntimo en la persona, su fuerza de voluntad, su moral y otros

aspectos más personales). Estas Artes son mucho más que un deporte. Todo esto,

además de ser una gran aventura personal, como lo es una aventura la propia vida,

requiere una buena dosis de trabajo. De nuevo aquí, las Artes Marciales se parecen a

todo lo demás que hacemos (y nos importa) en esta vida. El viejo código moral de los

samurai (los guerreros medievales japoneses), el Bushido, hablaba de honradez y

justicia (Gi), valor heroico (Yu), compasión (Jin), cortesía (Rei), honor (Meyo), sinceridad

absoluta (Makoto), deber y lealtad (Chugo). Todos son valores para ser ejercidos tanto

frente a sus superiores (maestros, señores, autoridades, padres y ancianos) como con

el resto de las personas y colegas. Estos valores no son sólo aplicables en el Dojo y el

campo de batalla, sino también en el hogar y en el día a día. Muchos de los grandes

Maestros decían explícitamente que un practicante de Artes Marciales debía cultivarse

tanto física como intelectual y espiritualmente.


Hoy en día, si agradeciéramos a nuestros maestros (sean de la disciplina que sea) todos

los conocimientos que adquirimos gracias a ellos probablemente estaríamos en una

sociedad mucho más agradecida y el trabajo del profesor estaría elevado a una escala

mucho mayor de reputación, por no decir que si nuestros hijos consideran a sus maestros

como tales no existirían los problemas actuales de violencia en las aulas, depresiones

de docentes, etc. En el arte de la guerra, el guerrero supremo derrota a sus enemigos

sin luchar... eso es porque lucha constantemente contra su único real enemigo: su

enemigo interior. A ese, que nos lleva al desgano, a la cobardía, la envidia, a ese hay

que derrotarlo todos los días a pura fuerza de voluntad y puro Ki (energía interior). Los

que con suerte lo logren, algún día, serán llamados "Maestros".

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